¿Has visto qué bien lo hago?

¿Has visto que bien he hecho este trabajo?, ¿te gusta lo guapa que voy?, ¿qué te parece lo que he dicho o hecho?…

Son preguntas de lo más común, ¿verdad?. Si normalmente tú las haces, sigue leyendo…

Estas simples preguntas, que estás acostumbrada a hacer ¿qué respuestas están buscando?. Buscan un sí, que bien lo haces, que guapa estas, que bien te sienta esa prenda, etc.

Estas simples preguntas, buscan la aprobación del otro, buscan la aprobación externa, el reconocimiento externo. Y si buscan esto en el exterior, ¿qué está pasando en tu interior?.

A lo mejor estas pensando que es una cuestión de humildad, sin embargo no es así. Si fuese humildad tu sabrías lo bien que has realizado un trabajo y lo mostrarías orgullosa, sin preguntas. Si fuese humildad, sabrías lo guapísima que estás y no necesitarías confirmarlo, te mostrarías tal cual, empoderada.

Por tanto, ¿qué pasaría si la respuesta fuese no?, ¿si la respuesta que recibes fuese no me gusta lo que has hecho o cómo vas?.

Muy probablemente te quedarías hecha polvo, hundida, te pondrías triste o toda tu energía se escaparía.

Sí, amiga, responde honestamente, ¿cómo te quedas si te contestan que no?.

Y ahora te invito a que vayas a tu infancia, busques algún momento en el que te sentías orgullosa por lo que habías hecho.

Te invito a que conectes con ese instante en el que la niña estaba feliz y contenta con el resultado de un trabajo, un dibujo o un juego.

Te invito a que sitúes en la escena a papá, le sitúes junto a esa niña que va a mostrarle su trabajo. ¿Qué le dice papá cuando lo ve?.

Le contesta “muy bien hija” o por el contrario le corrige y le muestra como hacerlo mejor, le muestra el fallo para que lo corrija y la próxima vez se supere, le dice que NO, no está bien.

Posiblemente, ese padre, con todo su cariño, no reconoció el trabajo de la niña. Posiblemente, le explicó como podía hacerlo mejor, que podía sacar mejor nota, que podía superarse, etc.

Papá o la persona con ese rol es quien nos valida de pequeñas. Luego, cada vez que buscas la aprobación en los demás, lo que realmente necesitas es que papá te valide. Es como si te trasladases a esos momentos en los que él no te reconoció, no te aprobó.

Tranquila, ¡qué no cunda el pánico!

Como bien sabes, para el inconsciente el tiempo no existe y no distingue entre real, simbólico o imaginario.

Te propongo un trabajo con tu inconsciente, es el siguiente:

Trabaja con tu subconsciente

  1. Haz un dibujo en el que representes a esa niña pequeña
  2. Imagina el reconocimiento, la validación, la aprobación y conectada con lo que estas imaginando, dibújalo.
  3. Toma a tu niña, la que has dibujado inicialmente, pon al lado el dibujo que representa el reconocimiento y míralos.
  4. Observa como se siente tu niña ahora, como está tu niña con ese reconocimiento, aprobación y validación.
  5. Conectada con lo que estas observando, cierras los ojos y dibuja (en otro folio) a esa niña que ves ahora.
  6. Abre los ojos y mira tu dibujo, observa a tu nueva niña.
  7. Observa como se siente, que emociones tiene ahora… ¿está contenta?

Si al principio de la práctica te han venido emociones desagradables no pasa nada, está bien, sin juicio, acéptalas.

Seguramente tu papá quería que tu mejorases, te superases… y con esa intención te dijo lo que te dijo.

Observando tu nueva niña, con ese amor que siente ahora, contenta y feliz por lo bien que lo ha hecho, cierra los ojos y abraza a papá, siente su reconocimiento, ese que no supo expresar con palabras y que siente profundamente.

Te abrazo, te apruebo y te reconozco.

 

Si te apetece compartir este post y comentarlo, te estoy tremendamente agradecida.

 

6 comentarios en “¿Has visto qué bien lo hago?”

  1. Marta Cánovas

    Hola Laura,

    Gracias por el artículo y descubrirnos nuestras carencias para luego recomponerlas con las herramientas que nos facilitas.

    Yo tengo una pregunta, ¿solo pasa con el reconocimiento del padre o también puede pasar con el de la madre?

    Un abrazo

    1. Hola Marta!
      En principio el reconocimiento lo aporta el padre o la persona que ejerce este rol, como siempre, cada persona es un mundo y habría que ver qué papeles han adaptado las figuras de referencia.
      Muchas gracias, un abrazo!

  2. Laura. Realmente me parece fantástico lo que escribes, es como si supieras lo que siento o me pasa, llegas realmente al fondo de mi corazón.
    Que increíble que es el ser humano, cuántas marcas podemos dejar por no saber hacer o decir una simple palabra de aprobación.
    Gracias por enseñarnos a destrabar esos conflictos, esas luchas internas que hacen que nos destruyamos nosotros mismos. Gracias

    1. Hola Paula!
      Qué bien, me alegro mucho que te sirva lo que comparto.
      La verdad es que sí, la aprobación y el reconocimiento son tan importantes… una palabra o una mirada a veces son suficientes. Es importante que desde tu adulta te las des a ti misma.
      Gracias Paula y a seguir en el camino. Un abrazo.

  3. Sonia González

    Me gusto mucho el ejercicio práctico que compartes. En ocasiones me desconecto de mi misma por las exigencias del exterior y las propia la; de mi yo adulta.

    1. Hola Sonia!
      Me alegro un montón, es un ejercicio muy simple y poderoso para conectarnos con nuestro interior. Puedes practicarlo tantas veces como necesites, llegará un momento en el que estés siempre conectada.
      Un abrazo fuerte.

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