La comida de Navidad y mi estómago

El mes de diciembre en España y en muchas partes del Mundo está asociado a celebración. A celebración con comidas y cenas de empresa, de amigos y de familia.

Nos gusta reunirnos y compartir mesa con personas a las que vemos habitualmente o de año en año. A veces esas personas son elegidas y compartes mesa con mucho gusto. Otras veces no son de tu agrado, no te gustan, son “impuestas” por diferentes motivos y te ves obligada a compartir mesa igualmente.

Por todo esto, me parece interesante reflexionar desde la lógica biológica, desde la lógica del síntoma, acerca de lo que tiene que ver con estas comidas y cenas.

Dicen que el estómago es nuestro segundo cerebro. En él se encuentran millones de neuronas, trabaja de forma independiente y está coordinado con el sistema nervioso.

Si hay algo conocido por todas es de lo que se encarga tu estómago y el aparato digestivo en general. Su función es transformar lo que incorporas del exterior.

Como parte de esa transformación están la digestión, asimilación y eliminación de lo que has comido. Lo que has comido, se denomina bocado. Y este bocado puede ser real, simbólico o imaginario. Por ejemplo, la palabra se considera un bocado simbólico.

La función en cada parte del proceso es diferente. Desde que el alimento entra por tu boca hasta que lo expulsas, las funciones biológicas se suceden. Podríamos diferenciar tres funciones o tres grupos de conflictos asociados a estas, son: atrapar, asimilar y eliminar.

Se considera atrapar el bocado cuando lo ingieres. El proceso comienza en la boca, con salivación, masticación y mezclado del alimento. Por tanto, los conflictos de atrapar el bocado responden a preguntas tipo:

¿qué has querido atrapar y no has podido?

¿qué has atrapado que no querías o debías?

¿qué has dicho que no debías?

¿qué has querido decir y no has dicho?

Desde la boca comienza a bajar por la faringe y esófago hasta el estómago. Con lo que los conflictos relacionados a estos órganos serán los relativos a la asimilación del bocado, como tragar, pasar y tolerar. Responden a preguntas como:

¿qué has tragado que no querías?

¿qué miedo tienes de perder algo que ya has atrapado?

¿qué has tolerado que se ha quedado atascado?

Y el alimento llega al estómago, donde se realiza la digestión de lo ingerido, formaría parte del grupo de asimilar el bocado. En términos generales, las molestias o síntomas en el estómago se refieren a la aceptación y digestión. Responden a cuestiones como:

¿qué has aceptado y no puedes digerir?

¿qué no aceptas y te resulta indigesto?

¿qué no puedes evitar, por tanto te ves obligada a aceptar y no soportas?

Después del estómago pasa al intestino delgado que se encarga de asimilar y absorber. Por tanto los conflictos referentes al intestino tienen que ver con un bocado real, simbólico o imaginario que consideras injusto, algo que es imperdonable, que no comprendes, que no asimilas, que te produce resentimiento, rabia o ira.

Las preguntas que te puedes hacer si tienes síntomas en el intestino delgado son:

¿qué bocado (situación, conversación, hecho…) ha ocurrido que consideras imperdonable?

¿qué debes aceptar que no puedes porque no lo entiendes?

¿qué tienes que aceptar que consideras una injusticia, que no es justo?

Una vez se ha asimilado y/o absorbido, parte del alimento pasa al intestino grueso que está formado por el colon ascendente, transverso y descendente así como el recto y el ano. En el intestino grueso se reabsorbe el agua de los restos alimenticios y se evacúa o elimina lo inservible.

Dicho esto, los síntomas referidos a alguna parte del intestino grueso tendrán que ver con poder o no poder eliminar algo indigesto, algo asqueroso, con no poder perdonar una guarrada o con no querer perdonar algo que para ti es una cochinada o repugnante.

Las preguntas relativas al intestino grueso son:

¿qué bocado (real, simbólico o imaginario) has ingerido y te parece una guarrada?

¿qué bocado has comido y es necesario expulsar porque es asqueroso o tóxico?

¿qué consideras injusto y es necesario eliminar rápidamente?

¿qué bocado ha entrado que no puedes o quieres soltar?

 

Como ves, el sistema digestivo es muy amplio. Esto es un breve resumen y a grandes rasgos para que puedas entender por qué te sentó mal esa cena de Navidad, por qué llegaste a casa después de una comida de empresa y vomitaste o por qué tuviste diarrea después de la cena de amigas y amigos.

Y además de comprender la lógica del síntoma me gustaría darte algunas claves para intentar que este año no te vuelva a ocurrir.

Claves para que la cena de Navidad te siente bien.

Hazte una lista de las comidas y cenas que tienes previstas así como de las personas que van a ir a ellas.

Elige de tu lista a aquellas personas que no aceptas, no soportas, te ha hecho una guarrada, etc. Aquellas que te han venido a la cabeza cuando leías las preguntas anteriores.

Con esa lista te propongo responder a la siguiente pregunta:

¿puedo ver desde otro lugar a esa persona, a la situación ocurrida, etc. y cambiar mi postura al respecto?

Puesto que es una pregunta cerrada, hay dos posibles respuestas.

Si la respuesta es sí.

Si analizando con perspectiva lo ocurrido, entiendes que pudo tener un mal día, que a lo mejor es víctima de sus circunstancias, que igual no fue para tanto o te pilló en un mal momento, pues enhorabuena porque te podrás sentar cerca de esa persona y disfrutar de la celebración.

Si la respuesta es no.

No pasa nada. Sin juicios hacia ti o hacia lo que esta bien o mal, vas a visualizarte en esa escena, en la mesa, imaginando la vivido con anterioridad y vas a dejar que lleguen las emociones. Sin enjuiciar lo que venga, vas a dejar que pase, porque pasará y tu cuerpo volverá a la calma y tranquilidad.

Al haberlo vivido en tu imaginación y haber descargado la emoción, si la situación se vuelve a repetir (a lo mejor no vuelve a ocurrir), tu cerebro sabe que ya lo has vivido y no pasa nada (no te has muerto) con lo que tu cuerpo reaccionará mucho más suave.

Si además de hacer la visualización puedes sentarte lejos de esa persona e incluso no tenerla frente a ti la celebración seguro que tu disfrute estará asegurado.

También te propongo, después de hacer este trabajo, que mires hacia dentro. Y honestamente te preguntes ¿qué partes de esa persona no estas aceptando?, ¿las partes que no aceptas las encuentras en ti de alguna forma?.

Muchas veces, entender qué ha ocurrido, por qué te sentiste mal o por qué te sentó mal algo, ayuda. Simplemente la comprensión reduce tu nivel de ansiedad, de estrés.

Te invito a que disfrutes de estas celebraciones con apertura de mente y de corazón.

Te invito a que pongas el foco en aquellas personas que no están en tu lista.

Te invito a poner el foco en las personas que te encantan, te diviertes, amas y con las que vas a compartir mesa.

¡Felices celebraciones!

Me encanta leer tu opinión, que me cuentes tus vivencias y si te ha funcionado la propuesta. Si crees que este artículo le puede interesar a alguna persona cercana a ti, no dudes en compartirlo.

 

8 comentarios en “La comida de Navidad y mi estómago”

  1. Perdón Laura. Como siempre tiempo para mi no tengo. No podia Seguirte y con mucha pena no podía leer tus artículos. Hoy comencé el año 2019 desde otra manera. Tengo que buscar lo que me hace bien. Excelente. Lastima que me indigestión por situaciones quedan. Metabolizandose lentamente y difícilmente de evacuar. Un beso grande. Y prometo leer todos los artículos.

    1. Muchísimas gracias Miriam por tu honestidad e interés. Espero que te sean de ayudar y que mejores esas digestiones.
      Un abrazo enorme.

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