Vulnerabilidad para Ser

Después de una semana en el Máster Internacional de Coaching Estratégico, de grandes aprendizajes y sentir un torrente emocional, me siento embriagada de emociones.

Después de siete días consecutivos de curso, tres días más tarde, todavía estoy con “resaca” por lo vivido.

Ha sido fantástico poder aprender de la mano de Tino Fernández y de los grandes coaches de su equipo. Todos son grandes, grandes aprendices y grandes gestores emocionales.

Todos los que hemos estado en el Máster (profes y alumnos) somos unos valientes. Somos unos guerreros y unas guerreras.

Porque para mostrarte, a pesar del miedo que puedas sentir, para mostrar tus emociones, tus miedos, tus vergüenzas, etc. hay que ser muy valiente.

Los valientes se muestran, se sienten y son vulnerables.

En la vulnerabilidad no caben máscaras. No tiene lugar la máscara de mostrarte perfecta, la máscara de la seguridad, la máscara de aquí todo está bien…

Y es que cuando te muestras tal cual eres, sin máscaras, eres más tú que nunca.

Cuando te permites ser auténtica, otras personas empatizan contigo, conectan contigo desde su yo auténtico.

Cuando te permites Ser, permites Ser.

¿Cómo crees que cambiarían tus relaciones si te mostraras vulnerable?

Las mías han cambiado bastante. Una amiga me dijo una vez “ahora pareces una persona”, supongo que antes parecería un extraterrestre, jajaja.

Bromas aparte, siento que mostrarte tal cual eres, con toda tu vulnerabilidad, es una llave que abre corazones.

Como practicar la vulnerabilidad.

El ejercicio que te traigo esta semana es que hagas un “como si”.

Imagina que te levantas por la mañana, te pones frente al espejo y te gusta lo que ves.

Como si creyeras firmemente que vales para lo que te propongas.

Como si estuvieses en equilibrio.

Como si fueses valiente para Ser.

Como si fueses imperfecta con todas tus imperfecciones.

Como si supieses que todo no está bien, hay cosas que no te gustan, que te duelen. Hay situaciones a las que mirar de frente y ponerte en acción. Como si no tuvieras miedo.

Como si no tuvieses que ser aquello que te han contado.

Como si te amaras.

Como si no tuvieras vergüenza.

¿Cómo te sientes después de todos estos “como si”?

¿Te gustaría sentirte así la mayor parte del tiempo?

A veces hay que sentir dolor para después sentir placer.

A veces hay que enfrentarse a los miedos para después superarlos.

A veces en el proceso está el aprendizaje.

Existen tres formas de dolor:

  1. Dolor de crecimiento. Es el dolor que sientes cuando aprendes cosas nuevas, cuando pones en práctica nuevos hábitos, cuando haces las cosas de forma diferente a lo habitual.
  2. Dolor de disciplina. Es el dolor que sientes cuando repites una y otra vez aquello que te has propuesto hacer. En muchas ocasiones no te gusta, pero sabes que es necesario para alcanzar aquello que deseas. Es el dolor de repetir y repetir todos los días.
  3. Dolor de arrepentimiento. El que sientes cuando miras atrás y ves que no te has atrevido. Que no has vivido la vida que soñabas y ni siquiera lo has intentado.

Puesto que somos el resultado de lo que hacemos y creemos la mayoría del tiempo, ¿qué vas a hacer tú?, ¿qué vas a creer sobre ti?, ¿qué dolor quieres sentir?.

Yo lo tengo claro, quiero sentir dolor de crecimiento y de disciplina. Quiero llegar a ser viejita y poder decir que he vivido creciendo, haciendo como si no tuviera miedos, dejando las máscaras para otros y mostrando mi verdadero Ser.

Por si todavía te quedan dudas, te invito a que veas este vídeo de Brené Brown, donde explica el poder de la vulnerabilidad.

Ahora que sabes todo esto, ¿qué vas a hacer?.

4 comentarios en “Vulnerabilidad para Ser”

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